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El aumento mensual en enero de 2022 del índice de precios al consumidor ha sido el mas alto en el actual siglo. La inflación anual se situó en 6,9%. Las autoridades monetarias han perdido, al menos por ahora, el control de la situación.

 

“A echar la casa por la ventana” fue la consigna del actual gobierno después del paro nacional del segundo trimestre de 2021. Al cierre de 2021, aumentos en el gasto de funcionamiento del gobierno del 12% anual, del consumo de hogares del 13% anual, del salario mínimo del 10% anual, de la devaluación del 14% anual, de los medios de pago (M1) del 17% anual, de la liquidez ampliada (M3) del 12% anual, de la cartera del sistema financiero del 12% anual.

 

Un déficit fiscal como no se ha registrado en la historia reciente de Colombia de 7% del PIB, a lo que se agrega otro déficit en las cuentas externas (cuenta corriente de la balanza de pagos) de 5,5% del PIB. Este último déficit no fue superior porque los precios internacionales de las exportaciones tradicionales colombianas experimentaron un significativo aumento (no así las cantidades exportadas que disminuyeron). 

 

La macroeconomía de Colombia está desencuadernada. El indicador que no reflejaba todavía del todo el exceso de gasto y el aumento de los endeudamientos a todos los niveles era el de la inflación. Pero ya le llegó el turno a este indicador. Al discriminar el desempeño de los precios al consumidor en enero, la inflación del renglón de alimentos y bebidas no alcohólicas fue ni mas ni menos 19,9% anual. Carestía de la buena en pleno año electoral. 

 

La tendencia no es para nada alentadora y menos aun si se tiene en cuenta que se trata de un fenómeno mundial. El índice de precios al productor en enero aumentó 28,2% anual. Como se sabe, estos precios son un componente importante de los costos de producción de empresas y negocios y eventualmente se trasladan al consumidor o se traducen en menores utilidades o pérdidas.

 

En relación con las tasas de interés ya empezó a consolidarse su tendencia al alza. El Banco de la República aumentó su tasa de interés de intervención de 3% anual a 4% anual (hace un año era de 1,75% anual). Con la tendencia que trae la inflación –la meta oficial de este año es 3%– es previsible nuevos continuados incrementos en el transcurso de este año en esta tasa y en las demás tasas de captación.

 

En lo relacionado con las tasas de interés de colocación, las del crédito de consumo pasaron de 13% anual hace tres meses a 17% anual a mediados de enero, mientras que las del crédito ordinario también registraron una tendencia alcista, al pasar de 7,5% hace tres meses a 9% anual a mediados de enero.

 

A lo largo y ancho del planeta los bancos centrales han reaccionado muy lentamente ante la espiral inflacionaria que está presentándose como resultado especialmente de las gigantescas emisiones monetarias que otorgaron para compensar los impactos recesivos sobre las economías de los confinamientos y cierres que hicieron durante 2020-2021 para combatir la pandemia del Covid-19 originada en China.  Apenas ahora han empezado “a recoger la pita” para enfrentar un fenómeno inflacionario que amenaza con convertirse en estructural y permanente. 

 

En el caso de Colombia y de otros países, ante estos estímulos monetarios, la actividad económica ha reaccionado hasta compensar la gran caída que se registró en 2020. Por ejemplo, en Colombia el crecimiento del PIB el año pasado estuvo en el horizonte de 10% (en 2020 su caída fue de 6,8%). 

 

Pero esta reactivación ha estado acompañada de una marcada tendencia alcista en los precios –y de unos desajustes fiscales y externos de consideración. Se trata de una reactivación que suele darse en la “etapa eufórica” de un proceso inflacionario como el actual. Un proceso que no ha llegado a su pico, y que tarde o temprano terminará en un ajuste de cuentas caracterizado por bajos crecimientos económicos o incluso por estancamientos o recesiones.