Jorge Ospina Sardi
El centro es una posición entre la derecha y la izquierda caracterizada por puntos de vista políticos indeterminados e imbuidos de un espíritu de compromiso que pretende hacerlos aceptables a un grupo de ciudadanos con opiniones contrapuestas.
En último término, quienes se identifican con el centro se dan el lujo de no tener creencias o posiciones definidas sobre los complejos temas de los que versa la política.
Su justificación puede ser que no disponen de un apropiado conocimiento acerca de temas que están alejados de su vida cotidiana. Otras veces porque se trata de la posición mas cómoda para promover intereses personales específicos y para evitar los costos de enfrentamientos y confrontaciones no deseadas.
En el centro poco interesa la coherencia de creencias y principios y prima la idea según la cual la actividad política no debe regirse por consistencias doctrinarias sino por prácticas exitosas.
Es en este último sentido, como lo afirma Roger Scruton en Dictionary of Political Thought, "que el centro es visto como representando estabilidad política, continuidad social y un reconocido consenso. Y se identifica, aunque esto es fruto de una confusión, como una posición política moderada."
Sin embargo, se puede argumentar que el centro no es respetable ni en términos políticos ni en términos intelectuales por la ausencia de principios esenciales, por la poca confiabilidad de las alianzas que forja con fuerzas políticas incompatibles las unas con las otras, y por las indecisiones e incertidumbres que ocasiona sobre los caminos a seguir.
La derecha, por su parte, es en muchos ámbitos del pensamiento político lo opuesto a la izquierda. Aunque nunca existirá en política una coherencia perfecta, se puede decir que estos dos corrientes poseen una claridad sobre creencias y principios.
Por ejemplo, son antagónicas sus posiciones en temas como el alcance y los límites a la propiedad privada, la defensa de las libertades individuales, la libertad de mercados y la vigencia del sistema capitalista de organización económica y política.
También son antagónicas sus visiones sobre la naturaleza de la sociedad civil y sobre el papel que deben desempeñar costumbres, tradiciones y alianzas voluntarias de cooperación entre sus distintos componentes.
La derecha, en contraste con la izquierda, es respetuosa de valores heredados en relación con instituciones, leyes y normas escritas y no escritas que regulan las relaciones individuales y sociales. En este sentido, su talante es conservador en lugar de liberal o radical.
Es uno que se inclina por "pisar en tierra firme", en lugar de acoger propuestas utópicas fundamentadas en visiones muy optimistas acerca de la bondad de la naturaleza humana
La izquierda desprecia los valores heredados y es seducida por borrones y cuentas nuevas en costumbres, tradiciones y alianzas. Endiosa a los gobiernos y a sus instrumentos de control sobre la sociedad civil. Vive obsesionada con el uso de esos controles en lo económico y en lo político.
Subordina las libertades individuales a las exigencias de unas colectividades administradas en beneficio de quienes se convierten en los mandamases de sus monolíticas instituciones.
Al final de cuentas, a la izquierda no le importan las consecuencias de sus excesivos controles sobre los derechos individuales. Su empoderamiento político justifica el uso de hasta los mas despiadados medios. No le preocupan alternancias y divisiones en los poderes, ni limitaciones a su ejercicio.
Varias de las diferencias de fondo entre la derecha y la izquierda tienen que ver con el alcance de la esfera de lo voluntario en la organización política y social de una comunidad. Un criterio para medir las diferencias entre ambas es el tamaño del gobierno y de las tributaciones y regulaciones sobre la actividad privada que resultan de la implementación de sus políticas.
Cuando la actividad del Estado consume y absorbe mas del 30% de PIB, por poner una cifra, el resto de la sociedad pierde independencia, capacidad de creación de riqueza y queda supeditada a la voluntad de quienes lo manejan y administran. Se trata de un estatismo que asfixia y le chupa la savia a la esfera de lo voluntario, que es en donde surge y florece el ingenio, la inventiva y la inspiración de las iniciativas que engrandecen a una sociedad.
Los esfuerzos de los movimientos políticos que se sitúan en el espectro de la derecha están dirigido a proteger y ampliar la esfera de lo voluntario, para lo cual se requiere de un Estado eficiente y no de uno invasivo y derrochador.
De un Estado concentrado en lo fundamental, es decir, en la administración de la justicia, de la seguridad ciudadana, de las relaciones exteriores, de la cobertura de servicios esenciales como los de salud y educación, de la atención a necesidades básicas y de la ejecución de algunos proyectos de interés general.
Hay entonces dos alternativas de caminos a seguir. En muchos países con elecciones de por medio como en el caso de Colombia actualmente, la población debe decidir en uno o en el otro sentido.
Es aquí donde lo que se llama el centro del espectro político ocasiona confusiones y conduce a inacciones y pérdida de rumbos. Todo lo cual inclina la balanza a favor del estatismo o absolutismo que anhela la izquierda.
Si se mide por sus resultados, la del centro no es una posición "moderada". Dada la inercia existencial que caracteriza a las clases y castas políticas que las llevan a ofrecer lo "divino y lo humano" para darse importancia y hacerse elegir, los compromisos que negocia el centro siempre tendrán el sesgo hacia un creciente estatismo y absolutismo.
Esa ha sido la experiencia en todas partes. Por ejemplo, la Comunidad Europea desde hace décadas se ha presentado como el bastión de políticas centristas y "moderadas". Y, ¿cuál ha sido el resultado? Tributaciones altísimas, regulaciones excesivas, déficit fiscales y deudas públicas desbordadas, estancamiento económico y atrasos estratégicos en innovaciones tecnológicas.
El centro "no conduce a Roma". Sus políticas no arrojan resultados "moderados" porque sencillamente, por sus indefiniciones y desmesurados compromisos, refuerzan tendencias e inercias perversas que van en contravía de la existencia de gobiernos eficaces, repetuosos de derechos y promotores de políticas que traen progreso y un mayor bienestar a las poblaciones.
