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El cuidado de las cuencas, ríos y quebradas es de la mayor prioridad en Colombia. Gobiernos y poblaciones le rinden culto a la idea sin hacer nada al respecto.
 
Las lluvias torrenciales, de la magnitud que ocasionaron las avalanchas e inundaciones que tuvieron lugar en Mocoa y sus alrededores el 1 de abril de 2017 y que le costó la vida a mas de 200 personas, ya se habían presentado hace 50 años. En esa época no había tanta población y las erosiones no estaban tan extendidas, por lo que los daños en vidas y destrucción de viviendas e infraestructura fueron menores.

O sea que la idea de que las torrenciales lluvias se debieron al cambio climático reciente es un chivo expiatorio y nada mas. Gobiernos y la gente en general actualmente han encontrado en el cambio climático la excusa ideal para justificar su falta de acción en la prevención de desastres naturales de todo tipo.

Todos en Mocoa y sus alrededores reconocen que los asentamientos urbanos imprudentes y destructivos a lo largo de las orillas de los ríos y quebradas que se desbordaron, y los cultivos de coca y otros que han erosionados sus cuencas, fueron factores determinantes en la magnitud de la tragedia.  

Pésimos manejos de cuencas, ríos y quebradas como las que desembocan en Mocoa se dan a lo largo y ancho de Colombia. Es sencillamente una situación ambiental calamitosa desde cualquier punto de vista que se analice. Por ejemplo, a la inacción en este tema de gobiernos como el de Juan Manuel Santos se agrega la de los pobladores mas directamente afectados por estos desastres naturales.

A estos pobladores solo les importa los riesgos de las imprudencias y las consecuencias de sus inacciones después de ocurridas las tragedias. La idea de que todo es culpa de alguien mas, del lejano gobierno nacional por ejemplo, no es válida. Los primeros interesados en organizarse mejor para que este tipo de tragedias no ocurran deberían ser los pobladores de cada región. De ahí tendrían que surgir parte de las iniciativas para prevenirlas.

Si las mas urgentes solicitudes regionales y locales para evitar lo evitable no son atendidas por otras instancias gubernamentales entonces las culpas ya no serían tan exclusivas. Pero el problema es que en Colombia la gran mayoría de la población considera que temas esenciales que afectan directamente su bienestar, su calidad de vida, no son responsabilidad propia sino ajena. Esta manera de pensar, tan estimulada por políticos irresponsables, está mandada a recoger.

Pero de esta tragedia surge también otra reflexión. Somos dados a hablar de la salvación del planeta en relación con la protección del medio ambiente. ¡Qué tan fácil salvar el planeta a punta de elocuentes discursos! Pero lo importante son las acciones concretas.

Por ejemplo, acciones concretas dirigidas a rescatar las innumerables cuencas, ríos y quebradas de Colombia de su progresiva destrucción por asentamientos humanos, cultivos y explotaciones indebidas, muchas de las cuales totalmente al margen de la ley.