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Con ingresos en caída o estancados y con márgenes operacionales disminuidos las empresas editoriales mas representativas de Colombia luchan por su supervivencia.
 
La situación financiera de la Casa Editorial El Tiempo (CEET), líder en publicaciones impresas en Colombia, es indicativa de las tendencias que se registran en la mayoría de los protagonistas del sector. Sus ventas anuales en pesos alcanzaron un tope en 2012-2013 para luego caer en términos nominales 9,6% en 2014 y 9,1% en 2015. En dólares el descenso fue dramático: 15,5% en 2014 y 33,7% en 2015.

Inevitablemente este desempeño negativo de sus ingresos operacionales se ha reflejado en el resultado final de sus estados financieros. Sus pérdidas operacionales en 2015 fueron de $12.505 millones y sus pérdidas finales de $2.913 millones, el primer saldo rojo en tiempos recientes.

Una de las filiales del CEET, Multirevistas Editores registró un descenso de sus ventas en términos nominales superior al 50% durante 2014-2015. Otra filial, Intermedio Editores, viene de capa caída desde 2013. Ambas han perdido el protagonismo que tuvieron en épocas no lejanas en los segmentos de revistas y libros, respectivamente.
 
Se estima que Luis Carlos Sarmiento Angulo invirtió mas de US$300 millones para hacerse en 2012 a la casi totalidad de las acciones de CEET. En ese momento se trataba de un negocio con ventas anuales de US$292 millones. En 2015 esas ventas fueron US$158 millones, y en 2016 apenas si sobrepasarían los US$120 millones. Como negocio, ciertamente esta no ha sido una de las decisiones mas afortunadas de Sarmiento Angulo, aunque se podría decir que el poder de influencia política de este medio de comunicación sigue siendo un plus para nada despreciable.

Otros medios impresos de comunicación han corrido una suerte similar a la de CEET. Algunos de ellos con una mas eficiente administración de sus márgenes operativos, como en el caso de Publicaciones Semana y El Colombiano. Pero en casi todos los casos, con caídas nominales de sus ventas, y drásticas si expresadas en dólares.

Por ejemplo, en el caso de Publicaciones Semana, sin duda el grupo revistero mas importante de Colombia, las ventas anuales que en 2013 alcanzaron un punto máximo de US$95 millones, cayeron en 2015 a US$31 millones y podrían a duras penas superar los US$25 millones en 2016. La velocidad del empobrecimiento en el valor de negocios como el de Semana ocasionado por el final de la bonanza petrolera, la actual desaceleración de la actividad económica y la crisis existencial que sufren los medios impresos, es de veras muy impresionante.

Hay peores casos a los ya referidos. El grupo Televisa de México, por ejemplo, está en proceso de cerrar la mayoría de sus operaciones de publicación de revistas en Colombia, luego de unos resultados francamente desastrosos en los últimos años.

También es digno de mención por sus pésimos resultados financieros El Espectador y la revista Cromos pertenecientes al Grupo Santo Domingo. Estos dos negocios han venido contabilizando pérdidas desde épocas inmemoriales y sólo los subsidios provinientes del bolsillo profundo de su dueño les ha permitido sobrevivir.

Otras empresas editoriales emblemáticas por la calidad de sus publicaciones como Villegas Editores ha pasado de ventas anuales de cerca de US$7 millones hace cuatro años a menos de US$2 millones actualmente.

En realidad pocos medios impresos se salvan del tsunami actual. A los que mejor les va son aquellos focalizados exclusivamente en el segmento de educación. Muchos han tratado de extenderse a la órbita de lo digital pero los resultados no han compensado las pérdidas ocasionadas por la contracción de lo impreso. El único consuelo que les queda es que no están solas en la crisis pues se trata de un fenómeno que se observa a lo largo y ancho del planeta.